domingo, 6 de agosto de 2017

Nuestra experiencia con la lactancia materna

Publicado por Jess Swan en 16:36 2 comentarios Enlaces a esta entrada
¡Buenas tardes!

En este post te quiero abrir un pedacito de mi corazón y escribirte de un tema más personal. Me gustaría hacer este tipo de posts más a menudo pero me da cosa si te puede interesar o no. Siempre me gusta compartir información que pueda aportar así que ahí voy. Aprovechando que esta semana es la semana de la lactancia y tras 16 meses de práctica me gustaría contarte cómo nos ha ido durante todo este tiempo.
El comienzo fue duro, todo era nuevo.    Desde meses antes del parto que ya tenía calostro pero la leche en si me tardó unos tres o cuatro días en subir.  Suerte de la primera matrona del hospital que nos enseñó a como debe engancharse y succionar correctamente el bebé. Creo que por eso he tenido la suerte de no tener grietas y establecer correctamente la lactancia materna. Un buen asesoramiento y apoyo es la clave.

Durante las primeras semanas nos fuimos conociendo poco a poco, sin pausas pero sin prisas, aprendiendo juntos cuales son nuestras necesidades y forma de ser. No os voy a engañar de que fue un momento duro. Mi estado anímico estaba por los suelos por lo mal que me sentí durante el parto. Y la alta demanda de mi hijo tampoco ayudaba en algunas ocasiones. Pero como digo eso fue muy al principio, cuando todavía estábamos aprendiendo el uno del otro. 

Como ya he comentado nunca he sufrido de grietas ni infecciones pero sí que recuerdo el dolor de las primeras semanas al succionar... eso parecían agujas. Sin contar los pechos duros como piedras. Y de tanto mamar tenía los pezones muy sensibles e irritados.

Pasado el mes ya íbamos rodados y, a pesar de que demandaba cada 30 minutos - 1 hora, ya empezábamos a disfrutar de nuestro momento. Sí, nuestro y de nadie más. 

Si alguien me pregunta: ¿qué es para ti dar de mamar (o lactancia materna)? Sólo podría decir que es felicidad y plenitud. Es mucho más que alimentar, es vínculo. No hay nada de lo que esté más orgullosa. Es nuestro momento. Un momento de complicidad. No hacen falta las palabras, nos hablamos con la mirada. Es un como un momento de reencuentro, ahí estamos el uno para el otro.

Pero ver y sentir que no eres la única que disfruta de la lactancia sino que ves que él también es feliz no te puedes ni imaginar cómo me llena por dentro. 

Sus caricias, sus miradas cómplices que terminan en sonrisa sin soltar el pezon, esos momentos que me busca para un "chupito" de leche, sus pellizcos para estimular el otro pezon mientras succiona... son todos esos momentos los que me llenan por dentro. 

Cuando hasta parece que las respiraciones van al compás, cuando la calma y paz reina entre ambos, sabes que lo estás haciendo bien.

Lo sé, esto no será eterno (¿y qué lo es?). Es por eso mismo que lo disfrutamos tan intensamente. Nos sentimos plenos y lo vamos a disfrutar hasta el último día. 

Tenemos mucha suerte de tener una lactancia materna exitosa. Con más razón no voy a permitir que comentarios como que "ya has hecho suficiente" o  "no hace falta que le des teta que ya es mayor" interrumpan lo que hemos construido juntos. La única persona que puede decidirlo es mi hijo. Cuando llegue el momento lo dejaremos de la forma más respetuosa posible, hasta entonces a seguir disfrutando.
 

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